lunes, 22 de febrero de 2010

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La rabia se diluye con cada línea de tinta que dibujo, solo la permito que fluya por la extensión de mis dedos, no sé si sobreviva. No sé si el vacio de las palabras pueda contenerlo. No hay esperanza ni amor en mis palabras. La fiebre, la locura, el miedo, la duda, el enojo la indecisión (…)

¿Por qué no llega?, ¿Dónde está el olvido? No importa que sea solo un engaño, una mentira.

La angustia que llena la mirada es el vil reflejo de mi alma, de mi conciencia, de la caducidad de nuestra bondad. La utilidad se confunde con la necesidad mientras los pensamientos perecen ante los deseos.

Pretendo que en destino marque el sentido. Que ese sentido me suma en el desconcierto y el pánico. La paciencia y la esperanza han muerto por mis manos, derraman en su sangre la última gota de humanidad, Solo deseo sacarlo, deseo perderlo. Descansar, que la codicia y la ira complazcan mi carne, que simplemente alimente mi fe…

Una nueva fe. Que simplemente extinga (…) El todo, la nada

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