
Nunca nos hemos separado hasta hoy -le dije-. La gente me mira caminando por las calles sin tu presencia, te ven correr tras de mí. Vuelve, tienes que escucharme -gritas con desespero mientras yo continuo mi camino-. Me detengo, permito que la distancie se acorte lo suficiente, no dejo que me toques y me giro al verte jadear. Me miras, tus ojos denotan desesperación e incertidumbre, no digo nada, solo guardo silencio esperando que digas algunas palabras.
Tus labios están secos, tu voz está perdida en la respiración entrecortada. Solo puedes respirar. Al fin te recuperas. Nuestro camino es el uno al lado del otro, si nos separamos mas te condenadoras. Y tarde al temprano solo podre leer tu epitafio. Aquí yace un hombre que perdió la razón, su vida y su muerte fueron solo una locura, -esas fueron tus palabras.
Levante la cara, te mire profundamente y te hable comenzado a caminar. –te equivocas amiga mía, mi epitafio no está escrito y si lo estuviera diría (…) Aquí Yace un hombre que lucho por liberarse de sí mismo. Murió y vivió en plena felicidad por que su vida fue solo una locura (…) Descanse en paz.
Esa fue la última vez que vi a la razón.
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