viernes, 25 de junio de 2010

El dicho o el hecho.

Muchas veces he escuchado, “lo bueno viene en embase pequeño” o “de lo bueno poco”. Y es una verdad absoluta en la mayoría de las cosas, pues las mejores deben degustarse de manera mesurada.

Lo contradictorio de este pensamiento llega en el momento en el que me siento frente al ordenador. La felicidad llega con las interminables ideas que luchan por salir a través de mis dedos. Largos, extensos he interminables textos. Donde hombres, dinosaurios, la verdad, la crueldad, animales, hechos o inmensas fantasías convivan. Que derramen sangre, amen, huyan, vivan, mueran, creen o destruyan a placer. Que los protagonistas de la historia dejen fluis sin miramientos el libre albedrio que la imaginación les brinda.

Hasta que lamentablemente un punto marque el final. Ese punto que inexorablemente siempre llega, al que hay que tenerle respeto y odio, siempre puntual.

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